martes, 5 de octubre de 2010

Extrañamiento


Caigo inevitablemente en la anulación de los sentidos por la espera. Maldita sea esos sentimientos que extrañan. Echar de menos, mientra de apoco las imágenes van muriendo.
Deseo eso momentos donde el aroma de aquella niña me invadía las fosas nasales y llegaba a los pulmones. Ahí se expandían por los huesos y la carne, en una especie de júbilo sexual. Sexual por las calles, por comer un bon o bon, por beber una cerveza, por fumar caños a montón. Por reír junto a ella, rabiar junto a ella, por aburrirme de todo, de ella, pero con ella.
Sentir sus manos hasta el impulso de morderlas, probar la dureza de sus nudillos, beber su baba en besos que intentan desesperadamente fundirse en sus entrañas, en el origen de su voz.
Pero aquí estoy, extrañando, negando los momentos, estos de aquí que pasan, que fluyen hacia muchas formas, las niego, no les sonrío. Soy como un cadáver frente al río y el verano. Desesperado, como en huelga sin oyentes ni interlocutores.
Siempre tan obsesivo y caprichoso. Siempre tan demente por fantasía y por los flujos de imaginación.




Extraño su bello culo y risa chillona, la ironía y arrebatos de poner a todo el mundo como los idiotas, de reírnos de la gravedad de cómo el resto se esfuerza por consiguir y cuidar lo querido. Riendo, despreciando todo, como si nos valiera mierda todo. Pero manteniendo en secreto nuestra mutua adoración, nuestros lazos subterraneos y casi espirituales, si es que existe.
Que rico sexo el de tirar los cuerpos al infinito vacío y despreocupación por formalidades, hasta tropezar con un misterioso fondo del cual aun soy prisionera y adicto. Adicto, drogo, melancólico, irreversible, sin sustancia que supla el deseo de tal fuente, mezcla de orgasmos, embriaguez, marihuana, amor secreto, miradas eternas, lenguaje de aromas, sensaciones trágicas. Escribir, solo por el sucio mediocre placer de suplir esa ausencia, de ella en el recuerdo, que mi piel codifique el alimento que alguna vez causo sus incendios y arrebatos, y que ahora solo puede comer desde la virtualidad y novela poética patética.
Sentir, camino inevitable para la existencia, pero que niego y niego por que en el aguarda una tragedia y que es su reiterada puerta cerrada, en la distancia, en el silencio, en su caída, donde el tiempo se separa y nace la mitología, rosas mitológicas, esteriotipos mitológicos y falsas expectativas llenas de verborrea, cadáveres deificados, en fin. Conjunción paridora de hipocresías que desprecian el mandado primero y originario, bellas epifanías salvajes de sangre, cólera risa, la vida misma, el sentir irracional, palabra furtiva, lenguaje del cuerpo, ¡vértigo fuera de los códigos!

El amor es una mierda, todo lo transforma a idealismos cagones que no tienen que ver con el delirio de tenerte frente, morder tu cuello, oler tras tu oreja, mirarte los ojos por minutos sin decirte nada, arrójame a la locura de tu interior, estar drogado de tu presencia, de tenerte frente a mi, drogado es tu sustancia, en tu dimensión.

Pero no estas, y en tanto te extraños, cada día nos hacemos mas extraños.

Ya tu culo no sabrá a la espontaneidad de antes.
Ya tu voz no me trasportara como antes.
Nuestro juego será torpe.
Se trasformaran en ritos, los espíritus formaran una religión,
Nuestra sangre será mas pesada, y ya no vibrara hacia la inmaterialidad.
Estaremos muertos, fantasmas reales, patéticamente reales.

Seremos normales uno enfrente del otro. El humor será forzado. La presencia mutua, tendrá distancia. Seremos extraños.

No me interesa amarte. Me vale culo eso, interesa que estés aquí, y sin palabras, y sin ideas, beberte.

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